Buscar

Cargando...

Rey de los infiernos

Sin duda eres el rey de los infiernos
pues son tus labios el averno
por donde entro y me pierdo
mientras se adormecen mis demonios.

Son tus ojos castigo de mis miedos
pues los espantan y me arropan
derritiendo el hielo de mis adentros.

Son tus manos llamas que me abrasan
pues queman mi piel por donde pasan
cauterizando las heridas de mi alma.

Sin duda eres el rey de los infiernos
que ha capturado mi corazón
que ya siempre estará ardiendo.

Nada

"Serie de atentados en París terminan con la vida de más de un centenar de personas... "

Cayó la taza al suelo y estalló en mil pedazos. Ella ya sólo podía pensar en él, necesitaba oír su voz y saber que él estaba bien. Corrió hacia el teléfono, con los ojos anegados en lágrimas e intentó marcar una otra vez el número pero sus manos nerviosas. Era como si sus manos no le respondiesen, como si sus dedos fueran de otra persona y ella intentase manejarlos sin éxito... 

"¿Tienes que ir tú? Siempre llaman al mismo... Me dejas organizando la boda a mí sola"

No podía ser así. Pensó en la discusión que habían tenido justo antes de que él se marchase, pensó en los gritos que se habían lanzado el uno al otro, pensó en que se había negado a acompañarlo al aeropuerto, en que aquella mañana no se había levantado a darle un beso... Se derrumbó y cayó al suelo de rodillas... No podía ser así, tenía que poder escuchar su voz una última vez... tenía que poder decirle una última vez que era el hombre de su vida. 

"Por favor, coge el teléfono... Por favor..."

Por fin, consiguió marcar los números. Se impacientaba con cada tono del teléfono, con cada segundo que pasaba sin que el descolgase al otro lado. Nada, no contestaba. Lo volvió a intentar mientras las lágrimas le caían por cada lado de su cara, acariciando sus mejillas como unas manos que quisieran consolarla, aliviar un poco su pena. Cada tono era como un puñal que se clavaba en su alma, desgarrándola por dentro y llevándose poco a poco sus ilusiones, sus sueños... Nada. 

Leña ardiendo,
castañas en la lumbre,
los niños riendo.

ウッドバーニング、
火の中に栗,
子供たちが笑って。

Por primera vez

La miré temblar, con sus ojos fijos en mis labios, con miedo a mirarme a los ojos por si descubría su miedo.
La miré acercarse hacía mí con paso vacilante, y sentarse sobre mí, rodeando mi cuellos con sus brazos, apretarse contra mi pecho y quedarse quieta apenas un instante, en el que supe que esa noche era más mía de lo que lo había sido y de lo que lo volvería a ser nunca.
La miré rozar mis labios con los suyos, muy suavemente y ya no pude resistirlo más.
Acaricié su pelo con mi olfato, sintiendo cada una de las fragancias que desprendía: a fresas recién cogidas, a sueños lejanos, a miedo de un pasado...
Miré sus ojos con mis manos, perdiéndome en un abismo de tormenta y sentimientos, en el verde oscuro del bosque en una noche de invierno...
Besé sus labios con mis ojos, observando cómo se aceleraba su respiración conforme la desnudaba...
Ya solo quedaba el amor y mis ansias de arroparla con la felicidad.
Estaba completamente desnuda y me pertenecía... sané cada desgarro de su corazón y contemplé el cielo quebrarse de envidia.
Ella estaba desnuda pero al mirarme comprendí que, mientras yo había desnudado su esencia de mujer... ella había desnudado y capturado mi alma.

Apuñálame con tus palabras
si eso te quita culpa.

Aniquílame con tus pensamientos
si eso te tranquiliza.

Mátame con cada fibra de tu ser
si eso te hace feliz.

Hazlo, no lo dudes,
descarga sobre mí tus frustraciones,
hazlo, que no te aflija,
pero sigue con tu vida,
pero déjame que siga con la mía.

La primera última noche

La escuché reír y no pude soportarlo más. No podía contener ni un minuto más a las voces que gritaban dentro de mi cabeza, que me susurraban a cada instante los secretos más oscuros de mi corrompida alma, empujándome hacia la más extrema locura para sumirme en una espiral de desesperación. La deseaba, la deseaba con cada una de las fibras de mi ser, aunque sabía que a ella le resultaba repulsivo, pero yo la deseaba y allí, en mitad de la oscura noche, cómplice de mis anhelos, que nos envolvía con su negro manto y su luna burlona; allí, en mitad del bosque que nos escondía de los ojos de los curiosos que se giran al oír un grito, anhelando la desgracia ajena para empaparse de ella; allí, perdí todo el control que podía tener sobre la poca cordura que me quedaba y, finalmente, cedí a mis sueños más ocultos. 

Ella me hablaba de banalidades propias de una cabeza hermosa pero vacía. Recuerdo cómo brillaba su pelo rubio a la luz de la luna mientras caía como una cascada de oro sobre su cuello de cisne y su espalda esbelta, hasta terminar rodeando su cintura como unos dedos frágiles que la acarician. Pensé en cuántas veces la había amado en mis sueños antes de aquel instante, cuántas veces había mordido aquellos labios en mi mentes antes de finalmente besarlos. Enredé su pelo en mis dedos, sujetándolo con fuerza y tiré fuerte de él para atraerla hacia mí. Su grito desgarrando la noche fue como una bella sinfonía para mis oídos. Por fin, mordí sus labios hasta notar el sabor de su sangre por mi lengua, tan cálida... Arañé su espalda, pegándola aún más a mí y lo hice. Me fundí con ella en un solo ser mientras entre lágrimas gritaba mi nombre... Encendió aún más mis pasiones el escuchar mi nombre en sus labios de una forma tan primaria... Nunca había soñado que gritaría mi nombre pero sonaba de una forma tan mágica en sus labios... 

Las voces se callaron y miré a mi alrededor hasta que mis ojos se posaron sobre su cuerpo desnudo, temblando, tan indefenso que solo sentía ganas de abrazarlo. Sus ojos me miraban de una forma completamente nueva, como si me contemplasen por primera vez. Quería amarla cada día, era completamente mía desde ese momento ya para siempre. Sin embargo, destrozó por completo mis sentimientos, maldijo el mayor acto de amor que había podido ofrecerle y me odió. Sentí cómo la ira nacía en mí, cómo unas voces nuevas me reconfortaban y me daban la solución para terminar con ese odio... 

Me acerqué a ella, que volvía a temblar, y acaricié su cuello de cisne, puse ambas manos rodeando su cuello y me sorprendí de lo frágil que parecía. Volvió a susurrarme que me odiaba y, con ello, me dio las últimas fuerzas que me faltaban para apretar su delicado cuello, para cortar todo el aire que necesitaba. La besé, la besé en esos últimos instantes de agonía mientras ella se aferraba a mi cara. En el fondo ella también me quería, lo último que hizo fue acariciar mi cara.

Otoño

El viento sopla
y del árbol dormido,
cae la hoja.

風が吹きます
ツリー眠って、
葉が落ちます。

En la tormenta

En la tormenta,
sábanas revueltas,
quejidos como llantos,
amores atormentados
y sueños olvidados
que escapan por la puerta
de una noche despierta
y buscan en la lluvia
salvación que no encuentran.

En la tormenta
un relámpago,
un rayo,
un trueno,
un beso
y todo empieza de nuevo.

Quisiera besarte sin miedo,
como si nada hubiese existido,
como si el mundo hubiese nacido
en el momento que tus ojos
se posaron dulcemente en los míos.

Quisiera acariciarte sin miedo,
como si nadie antes lo hubiese hecho,
como si el primer contacto hubiese sido
el de una brizna de hierba
entre tus labios y los míos.

Quiera ocasionar un Big Bang contigo,
pensar que todos los siglos pasados
fueron un simple suspiro,
pero entonces resuena un eco de antaño
y veo que nunca antes fuiste mío.

El asesinato

A Ainoa


Un día más me encontraba frente a él, escuchando cómo denigraba a cada una de las mujeres que nos encontrábamos frente a él. Nos miraba con lujuria, como si fuésemos objetos a los que conquistar y poner en su repisa de trofeos, en vez de mentes inquietas, ansiosas por aprender. Mil veces me había preguntado cómo era posible que aquel hombre siguiese conservando su plaza como profesor universitario, cómo era posible que la hubiese conseguido algún día cuando había demostrado día tras día que no tenía la menor idea de la materia que debía enseñarnos. 

- Señorita Fernández, haga el favor de salir a leer

Me levanté de mi asiento de la última fila y me dirigí al estrado con resignación, asqueada por tener que estar a su lado. Situé el libro sobre el atril y comencé a leer aquel cuento que hablaba de miedo y de muerte. Cuando, de repente, noté su mano en mis nalgas, estrujándolas como si tuviese derecho para ello, como si fuese lo mejor que me podría pasar aquel día y entonces... Entonces no pude reprimir más la rabia y el odio. Cogí el volumen de las obras completas y le golpeé con él en la cara, le pegué con todas las fuerzas que mi débil cuerpo me permitía mientras le gritaba lo cerdo que era. Pateé sus partes bajas y se las pisé hasta sentir que ya no servían para nada. Todo se había teñido de rojo, solo podía sentir cómo el resentimiento se iba diluyendo en su sangre que salpicaba mi cara. Ya nunca más iba a tener que soportar sus tediosas explicaciones, su ignorancia... Las futuras oleadas de estudiantes tendrían la oportunidad de llenar sus mentes con el ansiado conocimiento. Todo se tornaba cada vez más rojo. 

- Señorita Fernández, la estamos esperando

Sentí cómo mi compañera me zarandeaba y volví a la realidad. Me levanté de mi asiento de la última fila y me dirigí al estrado con resignación. 

Primavera

Duerme la noche,
la ciudad corrompida,
nace nuestra flor.

夜寝ます、
壊れ市、
私たちの花が生まれています。

Soneto profano

Quizás podrías parar el tiempo
y sostener en un suspiro
aquello que guardo en mi mirada,
el secreto de mis lacrimosas manos.

Quizás podrías detener el momento
en el que desaparecen mis miedos,
abrazar los pedazos de mi alma maldita
que se descompone en tus ilusiones.

Y todo moriría y viviría en un instante,
creando flores marchitas
que desprenden agonía.

Y todo moriría y viviría en un instante,
creando novas explosivas
que estallan en alegría.
El mar en calma frente a mí
con la luna abrazándome
mientras permanezco sentada
y el mundo gira sin fin.

El negro cielo observándome
cuando respiro una vez más,
queriendo besarme.

La brisa helada
otorgándome paz.

Miedo a ti.

Al abrigo de la noche

Aquella noche la luna parecía brillar en todo su esplendor, como si las estrellas se hubiesen revestido con un traje de espejos para reflejar su luz y simular un noche diurna llena de misterio y, a su vez, de resplandor. Todo a su alrededor parecía dispuesto, sin embargo, a esconderlos de los cegados ojos del mundo para que pudieran recubrir de magia aquel momento tan suyo. Los árboles del parque habían acallado a sus pequeños habitantes que se asomaban expectantes tras las hojas ya casi marchitas, fundiéndolos con su color verdoso. Conforme se iban acercando la luna bajaba su intensidad y las juguetonas nubes arropaban a las estrellas tras su oscuro manto. 

Ambos habían llegado a la vida del otro por casualidad, por uno de esos juegos misteriosos del destino en el que, sin tener nada en común, los había reunido y los había hecho enloquecer. Ella era una muñequita herida, una niña perdida en un mar de dudas del que no era capaz de escapar. Él tenía el mundo a sus pies, dispuesto a combatir por sueños olvidados que habían invadido su ser, ignorante de los caprichos del corazón y de cuanto el ser humano pudiera sentir. Nada más verla supo que algo había cambiado y que ella... ella debía sonreír a su lado. 

Ella lo miraba de reojo, sin atreverse a levantar un instante los ojos por miedo a encontrarse con los suyos, por miedo a perderse dentro de aquel océano de sentimientos que encerraban. Él, en cambio, no podía apartar la mirada de su pelo sedoso, del rubor que comenzaba a colorear sus mejillas, de la respiración que se escapaba presurosa de sus labios... Se acercó un poco más, y sintió como si pudiese escuchar su corazón latir acelerado... Y levantó su cara para ver sus ojos del color de la hierbabuena y supo que ya no podía volver atrás... y posó sus labios sobre los de ella, como una caricia eterna... y todo cobró sentido mientras el mundo aún seguía su curso. 

El invierno

Se refugia el sol,
llega el viento helado
cae la nieve.

太陽のリトリート、
冷たい風が来ます
雪が落ちます。

Al amante

Muéstrame que en tus ojos
está la esperaza perdida,
que en tu impacientes labios
se encuentra mi añorada sonrisa.

Ofréceme en la noche un suspiro,
un poco de calor donde refugiarme
del frío que me desgarra,
una caricia cálida.

Déjame alcanzar los sueños
que se esconden tras tus palabras
y te enseñaré la magia
que esconde mi corazón cuando ama.

No te enamores...

No te enamores de un corazón
unido por soga de esparto,
que ya fue una vez destrozado.

No te enamores de unos ojos
cubiertos por un velo de miedos,
que ya fueron una vez cegados.

No te enamores de unos labios
congelados por el invierno frío
que ya fueron una vez cosidos.

No te enamores de un cuerpo marchito,
falto de ilusión y sin calor,
pudiendo tener un amor
que emocione tu ser
como si nada hubiese existido.

Suspiros nacen,
el frío trae sueños
de eterna noche. 

ため息生まれ、
寒さが夢を持って来ます
永遠の夜の。

Esta noche

Esta noche te lloraré
hasta quedarme dormida,
hasta que tu recuerdo deje de doler.

Esta noche te lloraré
y arrancaré las esquirlas
de un corazón ya muerto.

Esta noche te lloraré
hasta quedar completamente vacía,
hasta afrontar el alba con mi sonrisa fria.

Soñé

Soñé que soñaba
que aparecías en la tormenta,
que incansable me abrazabas
mientras la lluvia nos empapaba.

Soñé que soñaba
que me cubrías con tu aliento,
que me librabas del sufrimiento
mientras todo iba desapareciendo.

Soñé que soñaba
que mi corazón latía de nuevo,
que aquel día no había muerto
en medio del cruel silencio.



El murciélago
abrió sus negras alas,
murió el sueño.

バット
その黒い翼を開きました、
夢が死亡しました。

Cuando cae la noche

Cuando cae la noche en el cuarto
y es inundado por el silencio sepulcral,
aparece en mi cama tu cuerpo
que me invade y me ama,
besando mis ojos con tus palabras
de extraños sentimientos
que tú y yo inventamos.

Con cada minuto que pasa
robas mi esencia,
captas mi ser,
comienzo a desaparecer...

Con cada minuto que pasa
tus ojos muerden mi sexo
mientras tú me embriagas
con una antigua fragancia
de un deseo que solía poseer.

Cuando muere la noche en el cuarto
y comienza el sol a abrasar mi piel,
a quemar todo lo que pude ser,
desapareces con la última estrella
y yo espero la próxima luna
que me trae tu dulzura...

El reencuentro

No sé muy bien por qué fui a aquel lugar, había decidido dejarla a su suerte, esperando que así pudiese olvidarme, olvidar todo el daño que le había causado. Creo que fue un amigo quien me pidió que la buscase, que si yo se lo pedía ella vendría conmigo hasta el fin del mundo y, en el fondo de mi ser, yo lo sabía, sabía que ella me habría seguido bajo cualquier circunstancia, por mucho dolor que aquello le causase. Ella siempre había hecho cualquier cosa por mí. 

La encontré en medio del parque. Ya nadie va a los parques y menos un día de tormenta como aquel, por eso supe que la encontraría allí. Estaba alimentando a un pequeño perro callejero, acariciándolo, hablando con él como si pudiese entenderla. Tenía el pelo empapado por la lluvia y estaba mucho más delgada desde la última vez que la había visto. Recuerdo que lo último que hice fue quitar su mano que intentaba aferrarse a mi sudadera para que no me fuese. No pude mirar sus ojos, sabía que si los miraba jamás podría apartarme de su lado, siempre habían sido mi debilidad, pero esa vez era necesario, no podía condenarla conmigo. Al verla ahora así supe que lo había hecho igualmente, solo que no estaba a su lado para protegerla. 

De repente el perro la mordió y salió corriendo. Ella permaneció inmóvil, sujetándose la mano que le había mordido y viendo cómo se alejaba. No sé cuánto tiempo exactamente permaneció así, mientras yo la miraba en la lejanía. Supongo que no me acerqué antes porque estaba luchando contra mis propios demonios para armarme e valor y hablarle. Es curioso como alguien que siempre me pareció tan indefenso podía ponerme tan nervioso. Tenía miedo de cómo reaccionaría, de si me odiaría. Quería y temía que me odiase, quizá si lo hiciese todo sería más fácil para los dos pero no podía soportar la idea... 

Finalmente, me decidí a acercarme. ¿Qué le diría después de tanto tiempo? Al escuchar que alguien se acercaba se levantó rápidamente y se giró hacia mí. El tiempo se congeló. Me miró sorprendida, como si hubiese visto un espíritu y se enjugó rápidamente las lágrimas. Se quedó unos instantes más parada y dio unos pasos hacia atrás, como un gato herido. Y antes de que pudiese decirle nada, sin darme tiempo a reaccionar, me sonrió y me preguntó cómo estaba. Lo vi en sus ojos, lo sentí en su voz. Nada había cambiado, seguía siendo mi muñequita. 

Los días de lluvia

Comenzó a oír los truenos a lo lejos, como si él la estuviese llamando a través de la tormenta. Todas las terminaciones nerviosas de su cuerpo la arrastraban hasta la puerta. Miró por la ventana y ya no pudo contenerse más, se puso su sudadera, la que se había dejado allí antes de marcharse. Sentía que aún olía a él, como si la estuviese abrazando, como si fuese otra señal más. Volvió a sonar un trueno, una nueva llamada. No puedo aguantar más.
Salió a la calle y comenzó a correr, sin saber muy bien a dónde, pero tenía que correr, empaparse bajo la tormenta. Los días de lluvia siempre pasan cosas buenas. Hoy tenía que ocurrir algo, tenía el presentimiento de que por fin acabaría su sufrimiento. Quizá hoy también terminase su vida. 
El cielo se oscureció un poco más, envolviéndola con su manto oscuro para que nadie pudiese verla; la tormenta se hizo más fuerte y rugía a su alrededor como un león enjaulado para que nadie pudiese oírla... para que ella no pudiese escuchar sus propios pensamientos. No podía dejar de correr, la ciudad se iba alejando poco a poco y ella se iba internando en lo más profundo del monte, corriendo, con las gotas de lluvia navegando por su pelo. Sintió cómo las fuerzas la iban abandonando conforme la tormenta iba avanzando, ya apenas sentía su propia respiración, el latido de su corazón, solo podía pensar en él. Más rápido, tenía que correr más rápido, no podía parar, solo tenía que correr rápido hasta que tropezó y cayó al suelo, sin fuerzas para levantarse. Todo había acabado hacía mucho tiempo, en un día soleado, y ni siquiera la tormenta podría traerle de nuevo. 
Alguien la levantó del suelo y apartó los cabellos mojados que se le habían pegado a la cara. No podía ser, allí estaban sus ojos de nuevo. Lo miró, como quien mira a un fantasma, y sin poder contenerse, comenzó a llorar, a aferrarse a su olor que la rodeaba, a sus brazos que la abrazaban. Miró a su alrededor y se dio cuenta de que había estado corriendo hacia él todo el rato, hacia aquel sitio que una vez compartieron. Dibujó la silueta de sus labios con los dedos. Pensó que había muerto hasta que, finalmente, escuchó su voz:
-Algo me dijo que te encontraría aquí... Siempre lo dijiste, ¿recuerdas? Los días de lluvia siempre pasan cosas buenas

Déjame

Déjame vaciar un instante tu mente,
llenarla de sensaciones simplemente, 
para que desaparezca el miedo
que te atemoriza y te esconde. 

Déjame lavar tus labios 
arrancar las palabras vacías 
convertirlas en miles de pedazos, 
que solo queden inocencias. 

Déjame, en esta oscura noche, 
llenar tu pecho del calor de mis besos,
mostrarte la desnudez de mi amor puro, 
enseñarte que aún en la soledad
mi ser sigue siendo tuyo. 

El descenso

Descendí  hasta el fondo oscuro
intentando encontrar el principio
de las voces que guiaban mi camino,
de los seres que dibujaban mi sino.

Solo me rodeaba la oscuridad
susurrandome palabras sin sentido,
llevandome a la locura
de morir sin haber vivido.

Llegué al fondo de mi ser,
a las entrañas de mi corazón corrompido,
y vi que allí
todo estaba vivo.

Vuela

Vuela, explora un mundo nuevo
descubre sus ocultos misterios
y de sus encantos embriágate,
tienes el alma del guerrero,
tienes el poder del conquistador.

En tu  mirada se oculta la fuerza,
en tu pecho se oculta el valor,
no pienses más en lo que dejas,
enséñales la extraña grandeza
que guardas en tus profundos adentros.

Vuela, cumple todo tus sueños,
yo te espero en el fondo del abismo,
en nuestro pequeño rincón.
Vuela, no tengas miedo,
yo te espero en tus recuerdos.

No tengas miedo

Recorre cada rincón de mi cuerpo,
empápate de mi dulce esencia
mientras me envuelves con tu calor.

Bésame durante toda la noche,
fundámonos en un solo ser
para ascender a lo más alto,
acariciemos las estrellas
con la fragancia de nuestros besos.

Déjame mostrarte con todo mi ser
en la intimidad de mi oscuro deseo
de qué  están hechos los sueños.

La falsa moneda

Se acercó lentamente hacia el cuerpo inerte para intentar examinarlo, ignorando las arcadas que le subían por la garganta al contemplar las muñecas mutiladas. Cuando un poeta renuncia a su esencia, a la expresión de su ser, y se entrega a trabajos mundanos surgen profesionales como él. 
Lo primero que se le vino a la mente cuando vio a aquella joven tirada en la cama fueron unos versos de alguna vieja canción olvidada: "Gitanta que tú serás... como la falsa moneda, que de en mano en mano va y ninguno se la queda". Pensó en la historia que habría tras aquellos ojos sin vida y aquellas muñecas que se habían tornado ríos de liberación granate. Se imaginó una vida desdichada que había vagado de unos brazos a otros buscando un cariño que ya no existía, como el que relataban las viejas novelas, por el que se podían hacer grandes locuras. Se imaginó un torbellino lleno de ilusión por conquistar el mundo que había sido engañado y, finalmente, atrapado en esa vieja mancebía de la que no había podido escapar... ¿Cuál sería la historia detrás de aquellos cabellos azabaches?¿Qué habría atormentados esos ojos del color de la hierbabuena? 
Se acercó un poco más a ella y, sin poder evitarlo, acarició su pelo y sus mejillas y una lágrima escapó de sus ojos al pensar en la vida que habrían reflejado. Se enamoró de ella, de la fragilidad que reflejaba su cuerpo frío y ya sin vida y deseó haber podido evitarle el sufrimiento y el dolor, haber podido abrazarla y susurrar entre los mechones de su pelo que todo iba ir bien y que él podía protegerla. Ya era demasiado tarde. 

"No hay duda. La joven se ha suicidado. Pueden levantar el cuerpo"

Su propia voz le resultó extraña, como si no fuese suya sino de un ser insensible que era capaz de hablar de un alma frágil como si solo fuese un trozo de carne, como si siempre lo hubiese sido. Quizá así fue. Quizá antes de poder tener conciencia de que estaba viva ya había muerto y solo había esperado hasta hoy para poner fin a su recipiente. 
Suspiró profundamente, se quitó los guantes y dejó a sus espaldas la vieja habitación del burdel donde había muerto lo que, en su imaginación, había sido un ángel. Se encendió un cigarrillo y comenzó a alejarse de aquel lugar, rodeado por las demás meretrices curiosas, sin escrúpulos, que sólo buscaban una nueva historia para las mañanas de decadencia. El mundo había  muerto hacía años, cuando ya no se buscaba amor sino el simple roce de los cuerpos, cuando se despreciaron los sentimientos y las caricias y se le dio valor a trozos de papel impreso y monedas frías. Terminó su colilla y la tiró nada más salir de aquellos pasillos laberínticos. Salió al frío cortante de la calle, comenzó a alejarse de aquel lugar y fue difuminando en su mente la imagen del cuerpo, de la sangre, del vacío... mañana sería un nuevo día. 

El último instante

Un instante de presión
y comienza a escapar todo de mí, 
fluye sobre mis manos,
solo puedo pensar en ti. 

Unos momentos de fluidez
y comienzo a no distinguir
aquello que me envuelve,
comienza a caer la eterna noche. 

Todo comienza a perder su nitidez, 
todo empieza a desaparecer, 
yo caigo en el sueño eterno, 
ya solo permanece un sentimiento. 

Un solo ser

Con la caricia de sus dedos
despierta mi fuego interno, 
despiertan mis sentidos
y vuelvo a sentir en mí la vida. 

Con el roce de sus labios
conecta nuestra alma, 
vuelven a reunirse los pedazos
del ser que al nacer 
en dos cuerpos fue separado. 

Con la unión de nuestros cuerpos
nos fundimos en uno de nuevo, 
yo me voy perdiendo en sus ojos, 
y él me hace suya por completo. 

Lo único que queda

Vi cómo arrancaron las tiras de su piel, llevándose con ellas la alegría. Vi cómo la golpearon hasta que no quedó en su mente un pensamiento alegre que le hiciese luchar por su vida. Ella estaba completamente perdida, había caído presa de un mundo que la golpeaba con su cruel realidad y sus verdades que rasgaban su carne como cuchillas, había caído presa en un mundo que no era el suyo, en un mundo que no perdona las ilusiones o las fantasías, que no reconoce ya ningún sentimiento bello y que está dominado por papeles impresos.
Recuerdo la primera vez que la vi. Estaba inclinada sobre una pequeña flor, sonriendo... Nunca antes había visto a nadie pararse a mirar una flor. La contemplé como quien encuentra un montón de lingotes de oro en medio de la calle, como esperando a que alguien llegue y los coja. Me acerqué y no puede evitar desear conocerla, saber quién era aquel extraño ser, de dónde había surgido, que me explicase por qué hay que mirar las flores... Jamás la entendí y no estoy seguro de que alguna vez quisiera hacerlo, solo quería estar ahí cuando todo acabase, porque sabía que alguien como ella tendría un final temprano. Fue simplemente un momento de paz en medio de la rutina, una pacífica noche en medio de tanta claridad. Era una persona única camuflada entre una multitud. Recuerdo su sonrisa triste en los días de lluvia, su manía de abrazarse a sí misma cuando algo la asustaba... Fue una de esas personas que en unos días cambió toda mi vida. Al principio simplemente la observaba pero poco a poco me fue atrapando, fue despertando en mí la curiosidad de la inocencia, hacía que todo fuese nuevo.
Me dijo que buscaba a alguien pero nunca me dijo a quién y antes de que pudiese descubrirlo ya la habían condenado, como a cualquiera que se escapaba del control establecido. Ella iba a ser destrozada, para que no quedase nada de su ser, nada que invitase a ser libre o a soñar. Aún hoy sigo creyendo que su único delito fue amar todo aquello que la rodeaba. El amor estaba prohibido desde hacía demasiado tiempo y no podían arriesgarse a que alguien más lo experimentase.
Le arrancaron cada uno de los cabellos de su pelo, que recordaban al movimiento de las hojas de los árboles mecidas por el viento; aplastaron cada uno de sus huesos; quemaron cada una de sus esperanzas... Ya apenas podía reconocerla cuando, con el último aliento de vida, sonrió y entonces comprendí todo lo que había intentado decirme todo este tiempo: nadie podría impedir que amase... nadie podría arrebatarle la esperanza.

Primera tormenta del invierno

Se oculta el sol, 
se expande el silencio,
estalla el trueno. 

太陽セット、
沈黙は、拡大します
雷が爆発。

Eclipse

Te odio con la misma intensidad que te quiero, 
por llevarte mi vida y destrozarla en pedazos,
por traerle la felicidad con solo una caricia. 

Fuiste la luz que destrozó mi oscuridad, 
el sol que ciega y aparta su mirada de la luna,
que quedó abandonada en la noche
esperando silenciosa ver a su Endimion
que se olvidó de su eterna promesa. 

Te odio con la misma intensidad que te quiero
y no puedo dejar de desear que desaparezcas
y no puedo dejar de desear que permanezcas... 
Oscura noche,
llena de melancolía
sueños contigo. 

暗い夜 、
憂鬱のフル
あなたと夢。

A veces...

A veces soy una pequeña parte del viento,
una hoja arrastrada por el mundo
sin destino ni rumbo.

A veces soy una pequeña parte del desierto,
un granito de arena entre un millón
insignificante y desconocido.

A veces soy una pequeña parte de la tormenta,
una gota cayendo al abismo
que nada más nacer ya conoce su sino.

Tormenta de verano

La muñequita
observa la tormenta
mientras se abanica.

人形
観測された嵐
ファニングながら。

El sueño del viento

De un salto desperté en la cuna del viento,
era hija de una corriente que se elevaba
y me llevaba a contemplar
de un muerto el nacimiento.

Flotaba entre brisas con distintos sabores
que del miedo, del amor, de los sueños, hablaban,
y que me llevaban a algún lugar del oscuro cielo.

Soy la hija abandonada de la luna,
que en las noches más oscuras quiere ser aire,
aire en movimiento que libera e impulsa
a seguir amando aquello que detesto.

Caí en el abismo de los sueños rotos,
desperté de nuevo presa de la tierra,
que lo mismo que mata alimenta,
presa de la gravedad que nos retiene,
y cerré los ojos para soñar de nuevo
que era la niña perdida del viento.

Una nueva mirada

Hacía ya tiempo que todo había dejado de importar, de tener sentido. Ella ya sólo se movía por los impulsos de su cuerpo que hacían que las heridas doliesen un poco menos. El dolor se había hecho parte de su ser, un viejo compañero que la seguía allá a donde fuese para que sintiese que aún seguía viva, porque si podía sentir cualquier cosa, aunque sólo fuese dolor, es que lo estaba. Sentía distintos tipos de dolor a lo largo del día pero siempre intentaba mitigarlos de algún modo y llegó un momento en el que se dio cuenta de que siempre lo había sentido, desde que nació había estado con ella y había hecho cosas para que desapareciese pero, por fin, había conseguido aceptarlo como parte de ella, como aceptaba la longitud de sus piernas, el color de sus ojos, la forma de sus senos... 

Hay personas que son capaces de despertar el amor de los demás, que lo atraen, destrozando todo a su paso sin que haya ningún motivo especial para ello, simplemente son amadas por aquellos que las conocen. Ella, sin embargo, es de esas personas que buscan el amor de una forma incansable pero que nunca consiguen conservarlo. Una vez rozó el amor más puro con la punta de sus dedos, lo sintió llenando todo su ser y, como una estrella fugaz, se fue. Era feliz en medio de su dolor cuando pensaba que había conseguido tenerlo aunque ya no estuviese con ella, no todo el mundo consigue amar como ella había amado... Nadie más podría amar como ella había amado. 

Le gustaba leer las tardes de invierno en las que hacía frío, era una de las cosas que aliviaban su dolor. También tenía la manía de salir a pasear al campo los días en los que el sol se negaba a aparecer, y caminar y escribir el cúmulo de tonterías que le venían a la mente. A veces lloraba por los versos que había traído al mundo porque sabía que jamás serían amados ni apreciados, eran palabras presas de un papel blanco. Pero lo que más le gustaba, lo que más anestesiaba su dolor y le permitía dibujar alguna sonrisa, era bailar los días de lluvia. Cuando olía cómo las gotas comenzaban a caer en la ciudad, mientras todo el mundo corría en busca de refugio, ella salía a la calle y bailaba con la música sonando en su cabeza. Sentía cómo las gotas arrancaban el dolor de su piel y le permitían ser un ser puro durante unos instantes, mientras ella bailaba sin que nadie comprendiese el porqué. Y fue en un día de lluvia cuando unos ojos volvieron a posarse sobre su cuerpo, mirando cómo la lluvia camuflaba sus lágrimas y aliviaba el dolor mientras giraba en medio de una calle ya vacía. Aquel día unos ojos volvieron a enamorarse de su locura. 

Quisiera...

Quisiera tener tus ojos posados en mi espalda,
sentirlos acariciarme y empaparme de tu magia.

Me gustaría sentir el calor de tus labios
sobre mis labios sedientos de tu aliento,
sobre mis dedos dibujando su contorno.

Quisiera tener una porción de tus soñadores pensamientos,
ser un hada intrusa escondida en una ilusión,
una niña que durmiese en un pequeño rincón de tu corazón.

En algún lugar...

¿Sientes aún la lluvia empapar tu cara?
En aquellos tiempos de niñez te gustaba
bailar y bailar bajo la tormenta,
mientras todo el mundo nos miraba. 

¿Escuchas aún aquella canción en la noche?
En aquellos años de ilusión te encantaba
cantarla y reír en medio del silencio,
gritársela al viento cuando el alba despuntaba. 

¿Sueñas aún que eres del bosque un hada?
En aquellos días de tormenta me arrastrabas
a aquel triste arrollo donde nos sentábamos
y tus sueños me contabas. 

¿Sigues aún siendo mi dulce niña?
En nuestras calles ya no cae la lluvia,
en la noche ya no suena la música,
en el bosque ya no hay sueños... 
pero seguro que tú... en algún lugar lejano...
seguro que tú sigues siendo mi niña. 

A ti

Descarga sobre mí tu dolor
y ve en su busca.

Yo nací un día extraño
para llegar a encontrarte,
para ser una compañera de viaje.

Descarga sobre mí tus preocupaciones
y corre tras ella.

Yo sufriré un corazón maltrecho,
aliviaré con mi voz tus pensamientos
para ver una vez más tu sonrisa.

Descarga sobre mí tus temores
y bésala en los labios.

Yo seré tu fiel compañera
de penas y alegrías.
Sonreiré a tu lado en tus felices días,
enjugaré tu llanto en tus agonías.

Descarga sobre mí tus dudas
y dame un último abrazo
que me permita seguir con vida.

Sonríe

Sonríe cuando la lluvia empape tu cara,
deja que limpie tu dolor y tu alma.

Sonríe cuando el mar bañe tu cuerpo,
deja que borre las ocultas cicatrices de tu ser.

Sonríe cuando la luna ilumine tus ojos,
deja que espante los dolorosos sueños.

Sonríe cuando la oscuridad se apodere de tu mente,
deja que oculte los miedos que quieren corromperte.

Sonríe... sonríe cuando yo te mire,
porque cuando sonríes todo recupera su sentido.

El ascenso del ángel

El ángel se arrancó sus alas de terciopelo negro para dárselas. Era lo último que podía darle para que fuese feliz. Ya nada importaba, solo que ella fuese feliz. Miró el mundo en ruinas a su alrededor y eso le dio fuerzas para romper el último hueso que aún unía el ala a su cuerpo.
La creación perfecta era hoy el décimo círculo del infierno, por el que todos los inocentes han de pasar antes de ser condenados. Todo cuando habitaba en él estaba corrompido excepto ella. En la Tierra solo quedaba hambre y miseria, dolor y sufrimiento pero él conseguiría que su amor volase libre, descubriese el paraíso que no podía darle y que los dioses disfrutasen con su sonrisa. Quebró el último hueso y todo su mundo comenzó a romperse. Nunca más besaría sus labios de ambrosía, nunca más volaría a su lado... pero todo tenía sentido porque ella era ahora un ser divino, ella sería ahora feliz.
La vio volar, escapar de la muerte en vida que era vivir en la Tierra y, en su dolor, el ángel sintió paz. Ahora todo era como siempre debió haber sido. Cayó al suelo, sin fuerzas, y sonrió al pensar en su pequeña aeronauta. Por fin, había podido huir de su infierno.

En el silencio
el sonido de un beso,
nace lo muerto.

黙って
キスの音、
それが死んで生まれています。
En el silencio
cae la flor de loto
en el vacío.

黙って
蓮の花の滝
無効に。

Cruce de destinos

Cuando entré estaba todo estaba a oscuras. Había un silencio sepulcral que helaba la sangre y que me hizo querer salir de allí pero una belleza extraña reinaba a mí alrededor y me hizo quedarme. Aquel iba a ser el trabajo de mi vida, estaba segura. No podía desaprovechar la oportunidad de hacer un reportaje sobre aquel lugar. Por primera vez en cien años alguien podía entrar y explorarlo todo, convertir aquella vieja casona en suya y contar la historia que había tras sus muros. Yo quería ser esa persona y lo había conseguido, quería ser quien contase qué pasó allí la última vez que un alma entró por la puerta. 
Obviamente, cada una de las personas con las que me había cruzado hasta llegar aquí me habían intentado persuadir pero yo no era de ese tipo de chicas que se dan por vencidas. Cogí mi vieja libreta, mi boli bic negro y me monté en el primer tren dispuesta a encontrarme con mi destino. 
Me senté en medio del salón esperando encontrar las respuestas a todas las preguntas que se habían hecho sobre el hombre que vivió aquí antes. ¿Quién era? ¿Por qué se recluyó del mundo? ¿Qué le hizo abandonarlo todo? Había leído que tenía unos 25 años cuando se recluyó en esta vieja casona familiar y nadie sabía por qué. Unos decían que había sido por un desamor, una joven que al detener su propio corazón había quebrado también el de su joven enamorado; otros afirmaban que era un loco que quería probar la rareza de lo que allí ocurría, que se escuchaban voces que invocaban a los demonios que todos guardamos dentro... No sé cuánto tiempo estuve allí tirada, pensando y mirando a mi alrededor esperando que aquellas paredes me ofreciesen las respuestas. Y de pronto lo sentí, sentí como si de verdad aquellas paredes me hablasen y me contasen que aquella era la historia de un hombre atormentado por sus sentimientos, por el ansia de encontrar un amor que jamás existiría para él. Fue una persona que sentía el mundo de una forma extraña y eso es algo que nunca se perdona en ninguna sociedad de cualquier era. Una lágrima recorrió mi mejilla al pensar en su alma atormentada pero, por fin, su historia podría ser oída y un alma distinta había comprendido a la suya. 
Ya era hora de volver, el último tren salía en 16 minutos y no quería tener que dormir en la estación. Guardé todo lo que había utilizado en el bolso y eché unas últimas fotos para acompañar el reportaje pero cuando quise abrir la puerta ya no pude. Era como si alguien hubiese cerrado con llave. Las ventanas parecían apuntaladas. 
Sentí cómo el aire se congelaba al entrar en mis pulmones y cómo mi aliento se iba deteniendo poco a poco hasta que ya no pude respirar más. Me desvanecía sola en medio de la estancia, intentando gritar para que alguien pudiese oirme. Algo en el fondo de mí me dijo que ya estaba perdida. Mis ojos se preparaban para cerrarse por última vez y lo último que pude escuchar fue: "Al fin te he encontrado",

Crepúsculo

En el crepúsculo de la noche,
cuando todo está en calma,
siento susurros en el aire
que me llegan al alma.
Te aproximas silencioso,
buscando con tu corazón el mío.

En el crepúsculo de la noche,
tú y yo nos miramos sin ojos,
tú y yo nos miramos con labios
que dicen todo sin decir nada.
Las almas se aproximan,
unidas por un sentimiento extraño.

En el crepúsculo de la noche,
el vacío cobra vida,
se llena de amor la oscuridad
y todo es como debía.
Tu alma y la mía se fusionan,
ya no hay soledad en nuestras vidas.

El secreto

Acaricié su pelo mientras aún dormía. Cuando tenía los ojos abiertos era como un coloso, capaz de conquistar el mundo con sólo proponérselo pero cuando dormía, en el momento en que la noche lo abrigaba con su manto y Morfeo le abrazaba para sumirlo en un merecido descanso, entonces, el gigante se transformaba en un niño pequeño, completamente vulnerable, vencido al sueño. En ese momento en el que dejaba de ser un dios para ser un hombre era cuando me atrevía a acariciarle, me gustaba acercarme a él y velar su sueño. 
Todo iba a terminar y él no lo sabía. Debía marcharme para nunca más volver pero no tenía el valor para mirar a sus ojos y decírselo. No iba a arruinar su vida. Esto era algo que él nunca había querido. Aún faltaban muchos años para que pudiese empezar a pensar en ello pero hay cosas que simplemente ocurren pero, por una vez, yo tenía la oportunidad de salvarle, como él me salvó a mí del abismo en el que estaba sumida. 
Suspiró profundamente. Una lágrima se escapó de mis ojos al pensar que aquella sería la última vez que estaríamos así, que mañana él me odiaría porque no sabría que todo lo que hice fue por él. Rocé por última vez sus labios con los míos, apenas un segundo, para no despertarle y salí de la casa, salí de su vida. 
Una nueva vida cambia completamente muchas vidas. 

¿Por qué?

¿Por qué no tengo ojos que vuelen?
¿Por qué no tengo manos que respiren?
Me ahogo en el vacío de mi existencia
observando un mundo que se destruye

¿Por qué no tengo brazos que salven?
¿Por qué no tengo oídos que consuelen?
Vago sin rumbo ni cometido,
sola entre solitarios seres
que mueren a cada instante.

¿Por qué no tengo dedos que sanen?
¿Por qué no tengo labios que alimenten?
Muero rodeada de sufrimiento inocente
mientras autómatas juegan a ser dioses. 

Verano

El fuego abrasador baña las calles,
atrapa a todos los seres en jaulas de hormigón
y de todo lo exterior se hace dueño. 

Autómatas vagan en busca de aliento,
de una bocanada de aire fresco
que les de un minuto más de vida.

El fuego abrasador baña las calles
mientras la vida se esconde
en cárceles de cemento y aire. 

¡¡Volved, noches heladas!!
¡¡Vuelve, amorosa tormenta!!
Devolved la vida a lo que una vez la tuvo,
devolved el aliento a lo que lo ha perdido...

El arte de las corridas

Ya estaban a punto de abrir las puertas. Estaba esperando a la muerte para jugar con ella, engalanado con mis mejores galas. Esto era un arte, se quejase quien se quejase, pero no había nada más bonito que bailar con aquel animal con el capote. Muchos dicen que sufre y que es despiadado pero, a fin de cuentas, ¿cómo le van a doler unos simples pinchazos? No se dan cuenta de que nació para esto.
Por fin, se abren las puertas y nos encontramos frente a frente, comienza la danza en la que uno de los dos encontrará la muerte. Sale, confuso, mirando a su alrededor, hasta que, finalmente sale al ruedo. Comienzan los picadores a picarlo, para que empiece a perder sangre y se debilite. Por fin, llega mi turno. Comienzo a bailar entorno a él, dando espectáculo a la multitud que ansía ver su sangre. Pero ya no puedo esperar más, ha llegado el momento culminante. 
Me sitúo frente a él y busco su corazón.Una vez que le clave mi cuerno en él morirá y podré salir por la puerta grande. Con un poco de suerte, el público me concederá las dos orejas y aquello que se parece al rabo. Estos humanos son animales nobles nacidos para ser humaneados, si no nos ofreciesen este espectáculo, ¿qué sentido tendría su existencia?

Despertar

Desperté tendida en un jardín
lleno de flores de jazmín,
a mi alrededor conejos saltaban
y me invitaban a amar.

Caminé a su lado, siguiendo el camino
y llegué a las orillas de un lago
donde me pude ver sonriendo,
soñando que le tengo,
siendo feliz de nuevo.

Desperté tendida en un jardín,
lleno de flores de jazmín,
donde vivían mis sueños
que se cumplían al fin.

La tormenta

Estalla la tormenta en el horizonte
mientras el viento huye aterrado,
dejando a su paso los miedos 
que perdieron los niños perdidos. 

Estalla la tormenta en el horizonte
y sé que quizá nada vuelva a ser lo mismo,
o quizá nada realmente a cambiar llegue
y yo vuelva a sentir el amor de tus labios. 

Estalla la tormenta en el horizonte
mientras yo vago envuelta en gotas de lluvia
que arrancan las tiras de desesperación de mi piel,
mientras yo vivo y muero sin saber qué hacer. 

Acércate

Acércate al umbral de mi amargura
y acaricia suavemente los pedazos
en los que ha estallado mi locura. 

Aproxímate a mi sufrimiento,
adéntrate en el abismo de mi dolor
y siente cómo en los más profundo 
de este antiguo y marchito corazón, 
aún en el silencio de esta cripta,
susurra tu nombre mi voz.  

Acércate, no tengas miedo, 
lo que aún sufre
ya está muerto.