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Rey de los infiernos

Sin duda eres el rey de los infiernos
pues son tus labios el averno
por donde entro y me pierdo
mientras se adormecen mis demonios.

Son tus ojos castigo de mis miedos
pues los espantan y me arropan
derritiendo el hielo de mis adentros.

Son tus manos llamas que me abrasan
pues queman mi piel por donde pasan
cauterizando las heridas de mi alma.

Sin duda eres el rey de los infiernos
que ha capturado mi corazón
que ya siempre estará ardiendo.

Nada

"Serie de atentados en París terminan con la vida de más de un centenar de personas... "

Cayó la taza al suelo y estalló en mil pedazos. Ella ya sólo podía pensar en él, necesitaba oír su voz y saber que él estaba bien. Corrió hacia el teléfono, con los ojos anegados en lágrimas e intentó marcar una otra vez el número pero sus manos nerviosas. Era como si sus manos no le respondiesen, como si sus dedos fueran de otra persona y ella intentase manejarlos sin éxito... 

"¿Tienes que ir tú? Siempre llaman al mismo... Me dejas organizando la boda a mí sola"

No podía ser así. Pensó en la discusión que habían tenido justo antes de que él se marchase, pensó en los gritos que se habían lanzado el uno al otro, pensó en que se había negado a acompañarlo al aeropuerto, en que aquella mañana no se había levantado a darle un beso... Se derrumbó y cayó al suelo de rodillas... No podía ser así, tenía que poder escuchar su voz una última vez... tenía que poder decirle una última vez que era el hombre de su vida. 

"Por favor, coge el teléfono... Por favor..."

Por fin, consiguió marcar los números. Se impacientaba con cada tono del teléfono, con cada segundo que pasaba sin que el descolgase al otro lado. Nada, no contestaba. Lo volvió a intentar mientras las lágrimas le caían por cada lado de su cara, acariciando sus mejillas como unas manos que quisieran consolarla, aliviar un poco su pena. Cada tono era como un puñal que se clavaba en su alma, desgarrándola por dentro y llevándose poco a poco sus ilusiones, sus sueños... Nada. 

Leña ardiendo,
castañas en la lumbre,
los niños riendo.

ウッドバーニング、
火の中に栗,
子供たちが笑って。

Por primera vez

La miré temblar, con sus ojos fijos en mis labios, con miedo a mirarme a los ojos por si descubría su miedo.
La miré acercarse hacía mí con paso vacilante, y sentarse sobre mí, rodeando mi cuellos con sus brazos, apretarse contra mi pecho y quedarse quieta apenas un instante, en el que supe que esa noche era más mía de lo que lo había sido y de lo que lo volvería a ser nunca.
La miré rozar mis labios con los suyos, muy suavemente y ya no pude resistirlo más.
Acaricié su pelo con mi olfato, sintiendo cada una de las fragancias que desprendía: a fresas recién cogidas, a sueños lejanos, a miedo de un pasado...
Miré sus ojos con mis manos, perdiéndome en un abismo de tormenta y sentimientos, en el verde oscuro del bosque en una noche de invierno...
Besé sus labios con mis ojos, observando cómo se aceleraba su respiración conforme la desnudaba...
Ya solo quedaba el amor y mis ansias de arroparla con la felicidad.
Estaba completamente desnuda y me pertenecía... sané cada desgarro de su corazón y contemplé el cielo quebrarse de envidia.
Ella estaba desnuda pero al mirarme comprendí que, mientras yo había desnudado su esencia de mujer... ella había desnudado y capturado mi alma.

Apuñálame con tus palabras
si eso te quita culpa.

Aniquílame con tus pensamientos
si eso te tranquiliza.

Mátame con cada fibra de tu ser
si eso te hace feliz.

Hazlo, no lo dudes,
descarga sobre mí tus frustraciones,
hazlo, que no te aflija,
pero sigue con tu vida,
pero déjame que siga con la mía.