Buscar

Cargando...

Primavera

Duerme la noche,
la ciudad corrompida,
nace nuestra flor.

夜寝ます、
壊れ市、
私たちの花が生まれています。

Soneto profano

Quizás podrías parar el tiempo
y sostener en un suspiro
aquello que guardo en mi mirada,
el secreto de mis lacrimosas manos.

Quizás podrías detener el momento
en el que desaparecen mis miedos,
abrazar los pedazos de mi alma maldita
que se descompone en tus ilusiones.

Y todo moriría y viviría en un instante,
creando flores marchitas
que desprenden agonía.

Y todo moriría y viviría en un instante,
creando novas explosivas
que estallan en alegría.
El mar en calma frente a mí
con la luna abrazándome
mientras permanezco sentada
y el mundo gira sin fin.

El negro cielo observándome
cuando respiro una vez más,
queriendo besarme.

La brisa helada
otorgándome paz.

Miedo a ti.

Al abrigo de la noche

Aquella noche la luna parecía brillar en todo su esplendor, como si las estrellas se hubiesen revestido con un traje de espejos para reflejar su luz y simular un noche diurna llena de misterio y, a su vez, de resplandor. Todo a su alrededor parecía dispuesto, sin embargo, a esconderlos de los cegados ojos del mundo para que pudieran recubrir de magia aquel momento tan suyo. Los árboles del parque habían acallado a sus pequeños habitantes que se asomaban expectantes tras las hojas ya casi marchitas, fundiéndolos con su color verdoso. Conforme se iban acercando la luna bajaba su intensidad y las juguetonas nubes arropaban a las estrellas tras su oscuro manto. 

Ambos habían llegado a la vida del otro por casualidad, por uno de esos juegos misteriosos del destino en el que, sin tener nada en común, los había reunido y los había hecho enloquecer. Ella era una muñequita herida, una niña perdida en un mar de dudas del que no era capaz de escapar. Él tenía el mundo a sus pies, dispuesto a combatir por sueños olvidados que habían invadido su ser, ignorante de los caprichos del corazón y de cuanto el ser humano pudiera sentir. Nada más verla supo que algo había cambiado y que ella... ella debía sonreír a su lado. 

Ella lo miraba de reojo, sin atreverse a levantar un instante los ojos por miedo a encontrarse con los suyos, por miedo a perderse dentro de aquel océano de sentimientos que encerraban. Él, en cambio, no podía apartar la mirada de su pelo sedoso, del rubor que comenzaba a colorear sus mejillas, de la respiración que se escapaba presurosa de sus labios... Se acercó un poco más, y sintió como si pudiese escuchar su corazón latir acelerado... Y levantó su cara para ver sus ojos del color de la hierbabuena y supo que ya no podía volver atrás... y posó sus labios sobre los de ella, como una caricia eterna... y todo cobró sentido mientras el mundo aún seguía su curso. 

El invierno

Se refugia el sol,
llega el viento helado
cae la nieve.

太陽のリトリート、
冷たい風が来ます
雪が落ちます。

Al amante

Muéstrame que en tus ojos
está la esperaza perdida,
que en tu impacientes labios
se encuentra mi añorada sonrisa.

Ofréceme en la noche un suspiro,
un poco de calor donde refugiarme
del frío que me desgarra,
una caricia cálida.

Déjame alcanzar los sueños
que se esconden tras tus palabras
y te enseñaré la magia
que esconde mi corazón cuando ama.

No te enamores...

No te enamores de un corazón
unido por soga de esparto,
que ya fue una vez destrozado.

No te enamores de unos ojos
cubiertos por un velo de miedos,
que ya fueron una vez cegados.

No te enamores de unos labios
congelados por el invierno frío
que ya fueron una vez cosidos.

No te enamores de un cuerpo marchito,
falto de ilusión y sin calor,
pudiendo tener un amor
que emocione tu ser
como si nada hubiese existido.

Suspiros nacen,
el frío trae sueños
de eterna noche. 

ため息生まれ、
寒さが夢を持って来ます
永遠の夜の。

Esta noche

Esta noche te lloraré
hasta quedarme dormida,
hasta que tu recuerdo deje de doler.

Esta noche te lloraré
y arrancaré las esquirlas
de un corazón ya muerto.

Esta noche te lloraré
hasta quedar completamente vacía,
hasta afrontar el alba con mi sonrisa fria.

Soñé

Soñé que soñaba
que aparecías en la tormenta,
que incansable me abrazabas
mientras la lluvia nos empapaba.

Soñé que soñaba
que me cubrías con tu aliento,
que me librabas del sufrimiento
mientras todo iba desapareciendo.

Soñé que soñaba
que mi corazón latía de nuevo,
que aquel día no había muerto
en medio del cruel silencio.



El murciélago
abrió sus negras alas,
murió el sueño.

バット
その黒い翼を開きました、
夢が死亡しました。

Cuando cae la noche

Cuando cae la noche en el cuarto
y es inundado por el silencio sepulcral,
aparece en mi cama tu cuerpo
que me invade y me ama,
besando mis ojos con tus palabras
de extraños sentimientos
que tú y yo inventamos.

Con cada minuto que pasa
robas mi esencia,
captas mi ser,
comienzo a desaparecer...

Con cada minuto que pasa
tus ojos muerden mi sexo
mientras tú me embriagas
con una antigua fragancia
de un deseo que solía poseer.

Cuando muere la noche en el cuarto
y comienza el sol a abrasar mi piel,
a quemar todo lo que pude ser,
desapareces con la última estrella
y yo espero la próxima luna
que me trae tu dulzura...

El reencuentro

No sé muy bien por qué fui a aquel lugar, había decidido dejarla a su suerte, esperando que así pudiese olvidarme, olvidar todo el daño que le había causado. Creo que fue un amigo quien me pidió que la buscase, que si yo se lo pedía ella vendría conmigo hasta el fin del mundo y, en el fondo de mi ser, yo lo sabía, sabía que ella me habría seguido bajo cualquier circunstancia, por mucho dolor que aquello le causase. Ella siempre había hecho cualquier cosa por mí. 

La encontré en medio del parque. Ya nadie va a los parques y menos un día de tormenta como aquel, por eso supe que la encontraría allí. Estaba alimentando a un pequeño perro callejero, acariciándolo, hablando con él como si pudiese entenderla. Tenía el pelo empapado por la lluvia y estaba mucho más delgada desde la última vez que la había visto. Recuerdo que lo último que hice fue quitar su mano que intentaba aferrarse a mi sudadera para que no me fuese. No pude mirar sus ojos, sabía que si los miraba jamás podría apartarme de su lado, siempre habían sido mi debilidad, pero esa vez era necesario, no podía condenarla conmigo. Al verla ahora así supe que lo había hecho igualmente, solo que no estaba a su lado para protegerla. 

De repente el perro la mordió y salió corriendo. Ella permaneció inmóvil, sujetándose la mano que le había mordido y viendo cómo se alejaba. No sé cuánto tiempo exactamente permaneció así, mientras yo la miraba en la lejanía. Supongo que no me acerqué antes porque estaba luchando contra mis propios demonios para armarme e valor y hablarle. Es curioso como alguien que siempre me pareció tan indefenso podía ponerme tan nervioso. Tenía miedo de cómo reaccionaría, de si me odiaría. Quería y temía que me odiase, quizá si lo hiciese todo sería más fácil para los dos pero no podía soportar la idea... 

Finalmente, me decidí a acercarme. ¿Qué le diría después de tanto tiempo? Al escuchar que alguien se acercaba se levantó rápidamente y se giró hacia mí. El tiempo se congeló. Me miró sorprendida, como si hubiese visto un espíritu y se enjugó rápidamente las lágrimas. Se quedó unos instantes más parada y dio unos pasos hacia atrás, como un gato herido. Y antes de que pudiese decirle nada, sin darme tiempo a reaccionar, me sonrió y me preguntó cómo estaba. Lo vi en sus ojos, lo sentí en su voz. Nada había cambiado, seguía siendo mi muñequita.